jueves, 19 de septiembre de 2013

Los no lugares en un texto de Cortázar

Y en la antena de la radio flotaba locamente la bandera con la cruz roja, y se corría a ochenta  kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.1

  El epígrafe nos ubica en el  final del cuento “La autopista del sur”, de Julio Cortázar, cuyas acciones se desarrollan en una autopista de Francia.   Marc Augé, en su libro Los ‘no lugares’. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad2, considera a las autopistas –también a los supermercados o a los aeropuertos-, como “no lugares” reales de la sobremodernidad. Estos “no lugares” tienen la particularidad de reunir a gran cantidad de personas que transitan o esperan en ellos pero que no interactúan. Cortázar, como leemos arriba,  remarca esas condiciones: el apuro sin razón, el desconocimiento del otro y también el desinterés. Estos “no lugares” se definen también a través de palabras o de textos, es decir, una característica importante es que en ellos hay una enorme cantidad de indicadores que prescriben la forma de  usarlos (por ejemplo, las señales viales). El enunciador de esos textos se percibe vagamente, en algunos casos, por el uso de las formas impersonales del lenguaje –se prohíbe, se informa-; en otras, aunque ese enunciador se explicita, se encuentra desdibujado por la función que cumple el texto y su profusión en el “no lugar”. Estos textos transmiten sus mensajes por medio de distintos soportes (carteles, pantallas, afiches) y aparecen acompañados, en muchas ocasiones, de ideogramas, codificados también en muchos casos.
Como decíamos antes la autopista del cuento de Cortázar está ubicada por su autor en Francia, y es uno de los accesos a París. También Marc Augé toma una de las autopistas de Francia como referencia. Ensayaremos una comparación. Dice Augé:
Las autopistas en Francia fueron bien diseñadas y revelan los paisajes, a veces casi aéreos, muy diferentes de los que puede apreciar el viajero que toma las rutas nacionales o departamentales. […] Pero son los textos diseminados por los recorridos los que dicen el paisaje y explicitan sus secretas bellezas. […] Así, se le ruega en la autopista del sur que preste cierta atención a tal pueblo fortificado del siglo XVIII o tal viñedo renombrado, a Vézelay,  “colina eterna”, o aun a los paisajes del Avallonnais, o del propio Cézanne (retorno de la cultura en la naturaleza en sí misma escondida pero siempre comentada).3

El recorrido por la autopista es por lo tanto doblemente notable: por necesidad funcional, evita todos los lugares importantes a los que nos aproxima; pero los comenta.4

Dice Cortázar:
Por primera vez el frío se hacía sentir en pleno día, y nadie pensaba en quitarse las chaquetas. La muchacha del Dauphine y las monjas hicieron el inventario de los abrigos disponibles en el grupo. […] Se estableció una lista de prioridades, se distribuyeron abrigos. Otra vez volvía a faltar el agua, y Taunus envió a tres de sus hombres, entre ellos el ingeniero, para que trataran de establecer contacto con los lugareños5.

Ya nadie llevaba la cuenta de lo que se había avanzado ese día o esos días; la muchacha del Dauphine creía que entre ochenta o doscientos metros; el ingeniero era menos optimista pero se divertía en prolongar y complicar los cálculos con su vecina, interesado a ratos en quitarle la compañía del DKW que le hacía la corte a su manera profesional. […] al anochecer una de las monjas le pidió al ingeniero un sorbo de agua para la anciana del ID que sufría sin quejarse, siempre tomada de la mano de su marido y atendida alternativamente por las monjas y la muchacha del Dauphine.6

  ¿Qué pasó de una autopista a la otra? La propuesta por Augé es la real, la actual, la considerada una de los “no lugares” que expresan a la sobremodernidad. Ella es lo único real, los otros lugares son solo literatura turística (¿o literatura fantástica?), espacio abstracto.
 “La autopista del sur” es un cuento. Publicado por su autor en la década del 60. Quisimos traerlo aquí, porque al releerlo, luego de casi cuarenta años de su aparición, se nos aparece como premonitorio de la aceleración que sufre el mundo contemporáneo. ¿Habrá sido consciente el autor de ello? No lo sabemos. Pero el cuento ilustra de manera notable, para nosotros,  cómo un “no lugar” puede convertirse en un “lugar” por un hecho fortuito: un atascamiento de tránsito (Tal vez, los “sistemas expertos”, analizados por Giddens, en su libro Consecuencias de la modernidad7, hayan dejado al descubierto su margen de riesgo, al que nos exponemos de continuo.)  Todos aquellos viajeros –que al comienzo del cuento estaban sumergidos en su propia individualidad, solitarios, indiferentes, representantes cabales de la sobremodernidad-, empujados por el azar (¿o por una falla de los “sistemas expertos”?), se ven obligados a socializar, a interactuar. Pero si, como dice Marc Augé, el juego social parece desarrollarse fuera de los puestos de avanzada de la contemporaneidad8, esa interacción que se produce entre los viajeros –ahora identificados a través de algunos rasgos, como el auto en el que viajan, los sentimientos que unen a sus ocupantes, o la profesión a la que dedican sus vidas- ¿es una vuelta a la modernidad? Más aún, si realizamos un análisis, en el nivel enuncivo, de la duración del tiempo narrado (relación entre el tiempo cronológico y el espacio textual que se ocupa para desarrollarlo) nos encontraremos que el cuento se convierte en una metáfora de la sobremodernidad, con la aceleración del tiempo,  pero también un regreso a otros tiempos, con la desaceleración que se produce en la autopista. Al comienzo del cuento, en que hay una desaceleración del tiempo, el ritmo del relato se lentifica y ocupa una gran extensión de espacio textual (varias páginas). Sobre el final del cuento (ver epígrafe), cuando se sale del atascamiento y en la autopista se circula normalmente, hay una aceleración del tiempo –la autopista  vuelve a ser un “no lugar”-. Esa aceleración se percibe también a través del poco espacio textual que el autor le dedica (media página). Desaparecen las descripciones y los diálogos se desvanecen. No son necesarias más palabras porque la interacción ya se ha cortado y vuelve la indiferencia, la soledad, y el sin sentido de la marcha.  El no lugar se ha recuperado.



1-Julio Cortázar, “La autopista del sur”, en Todos los fuegos el fuego/Octaedro, Alfaguara, Buenos Aires, 2004, p.34.
2Marc Augé, “Lo cercano y el afuera” y “De los lugares a los no lugares” en Los ‘no lugares’. Espacios de anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona. Gedisa (Pags. 15-47 y 81-118)
3Marc Augé, op.cit., p.100.
4Ibídem, p. 101.

5Julio Cortázar, op. cit., p. 26-27.
6Ibídem, p. 27.
7Anthony Giddens, Consecuencias de la modernidad, Madrid, Alianza, 1994, págs. 15-79.

8Marc Augé, op. cit., p. 114.